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Especie humana (Segunda Parte)

Especie humana (Segunda Parte)

Publicado el 2021-03-30 14:19:34

(Da click aquí para leer la primera parte)

Volviendo a nuestros días, que son el futuro inmediato respecto a las teorías de la novela de Houellebecq, notamos cómo la ecuación se vuelca: el registro del género se inclina hacia la indefinición, o bien, hacia una naturaleza reticente, una quimera, mientras persigue una nueva teología de la negación. Asimismo, si en el Discurso de Pico el hombre, puesto cara a cara con el sumo Padre, es llamado a formarse libremente y a determinar su lugar en la creación, hoy, ahora y aquí, la humanidad prefigurada por Djerzinski recibe el aval de la suma Entidad para echar mano a la obra y fabricar un ser asexuado e inmortal, que ha superado la individualidad, la separación y el devenir. 

La Unesco votó la concesión de los primeros créditos en el 2021 (…).

Y continúa:

La creación del primer ser, el primer representante de una nueva especie inteligente creada por el hombre «a su imagen y semejanza», tuvo lugar el 27 de marzo del 2029, justo veinte años después de la desaparición de Michel Djerzinski. En homenaje a él, y aunque no había ningún francés en el equipo, la síntesis se llevó a cabo en el laboratorio del Instituto de Biología Molecular de Palaiseau. La retransmisión televisiva del acontecimiento tuvo, por supuesto, un enorme impacto; un impacto que sobrepasó con mucho el que había tenido, una noche de julio de 1969, casi sesenta años antes, la retransmisión en directo de los primeros pasos del hombre sobre la Luna.

Los años veinte, entonces, son y serán la palestra de la transición desde lo que fuimos a lo que no seremos, de nosotros al otro. La promesa del Renacimiento, que vinculó la suerte humana con el tiempo, sustituyendo a la meta escatológica el compromiso y la extensión del mundo, en una palabra su experiencia, lazo y fundamento de “los conceptos de libertad individual, dignidad humana y progreso” que fueron los ejes de la “época materialista”, ahora se revierte en la producción de “una nueva especie inteligente creada por el hombre a su imagen y semejanza” que precisamente niega, punto por punto, la sustancia humana: en el tiempo, por ser inmortal y rechazar el devenir; en el género, del que depende su conservación, por su carácter asexuado; en la personalidad, por la superación empírica y mental del individuo; en el principio mismo de generación y desarrollo, basado en la separación de la unidad indefinida hacia la complejidad del organismo, que es un cuerpo biológico, moral, intelectual, social… 

Cabría preguntar en qué medida la información, concebida ya no como intercambio dialéctico de ideas, sino lugares comunes compartidos y adictos a la repetición serial, auténtico motivo que alimenta las redes sociales, fue la materia prima y el objeto del olfato literario de Michel Houellebecq, o, al contrario, si es la consecuencia o el reflejo de la promiscuidad cultural y educativa que apunta a nuestra condición y que manifestaba sus presagios en las últimas décadas del siglo pasado. En la danza de las causas y los efectos actúan los factores que queremos y no podemos comprender.      

Ahora, casi cincuenta años después, la realidad ha confirmado ampliamente el tenor profético (…) Quedan algunos humanos de la antigua raza, sobre todo en las regiones sometidas durante mucho tiempo a la influencia de las doctrinas religiosas tradicionales. Sin embargo su tasa de reproducción disminuye todos los años, y su extinción parece inevitable. En contra de todas las previsiones pesimistas se están extinguiendo con serenidad, a pesar de algunos actos de violencia aislados cuyo número disminuye constantemente. De hecho, asombra ver la dulzura, la resignación y tal vez el secreto alivio con que los humanos aceptan su propia desaparición.

Hemos roto el vínculo filial que nos unía a la humanidad, y estamos vivos. Según los hombres, vivimos felices; cierto que hemos sabido superar los impulsos, para ellos insuperables, del egoísmo, la crueldad y la ira; de todos modos, vivimos una vida distinta. La ciencia y el arte siguen existiendo en nuestra sociedad; pero la búsqueda de la Verdad y de la Belleza, menos estimulada por el aguijón de la vanidad individual, tiene un carácter menos urgente. A los humanos de la antigua raza, nuestro mundo les parece un paraíso.

La dulzura y la resignación de los humanos, espectadores hechizados de su propia desaparición, son el sello de un proceso que ha agotado sus recursos y su finalidad. Se perfila un punto ciego en la evolución. Son ciclos. Los antiguos formularon la noción de año platónico; en época reciente, la extinción de los dinosaurios ocupó un papel de bisagra en la cronología del planeta. Houellebecq señala el fin del homo sapiens y nosotros, todavía, somos testigos interesados del fenómeno en acto: podremos guardar el recuerdo de la especie humana, con el orgullo de haber presenciado al desastre y la arrogancia de no haberlo provocado; o la memoria, el orgullo y la arrogancia son atributos de la humanidad y pronto, muy pronto, se los llevará la nada… Mejor que nos dé un largo sueño y ganas de olvidar y una indulgente simpatía hacia quienes nos miren del futuro. 

Ahora que sus últimos representantes están a punto de desaparecer, nos parece legítimo rendirle este último homenaje a la humanidad; un homenaje que también terminará por borrarse y perderse en las arenas del tiempo; sin embargo, es necesario que este homenaje tenga lugar, al menos una vez. Este libro está dedicado al hombre.


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