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Bailar, una fiesta neuronal

Bailar, una fiesta neuronal

Publicado el 2021-01-29 19:13:38

Bailar va más allá de una forma de expresión social, ritual o escénica. Aunque el ritmo se sienta en los pies o en las manos, la magia de esta acción inicia en el cerebro. Para lograr que el cuerpo se mueva de manera controlada y alcanzar las infinitas posibilidades que brindan los músculos y las articulaciones se requiere de un gran número de neuronas. 

Los bailarines profesionales, por ejemplo, muestran sobre el escenario una serie de giros y piruetas que son producto de un trabajo neuropsicológico extremo. Coordinación. Perfección. Equilibrio. Son elementos que se pueden observar en una coreografía. La pregunta es ¿Cuáles son las áreas cerebrales que se involucran en el arte de danzar?

El cerebro de los seres humanos aloja un sistema motor que se encarga del movimiento del cuerpo, a su vez el sistema se compone de estructuras centrales y periféricas que soportan esta función como músculos, huesos, articulaciones y conexiones neuronales. Funciona de la siguiente manera, el sistema motor se caracteriza por recibir información sensorial constante del exterior, a través de los sentidos como la vista, el oído y el tacto, una vez recibida la información ordena a los músculos que se muevan de una forma determinada. 

Una de las estructuras más representativas en el baile es el lóbulo frontal ubicado en la corteza motora primaria. En la primera mitad del Siglo XX, el neurocirujano estadounidense Wilder Penfield demostró que el cuerpo está representado parte por parte en esta área del órgano plástico, y descubrió que las zonas con mayor rango de movimiento y mayor control motriz en el organismo humano cuentan con más neuronas a su cargo. 

Para bailar de manera ordenada y al tempo de la melodía el primer paso es coordinar y planear los movimientos. Esto sucede en la corteza premotora y en la corteza motora suplementaria, que se ubican en la corteza frontal y que albergan a las neuronas encargadas de seleccionar las secuencias de contracciones musculares con la fuerza y trayectoria requeridas para cada movimiento. 

El control motor, es decir el equilibrio de un bailarín, se logra en la corteza cerebral, porque es el área responsable de planificar, iniciar y dirigir los movimientos voluntarios, esto gracias a los lóbulos frontales, parietales, temporales y occipitales, demasiados nombres complicados, pero lo que debe saber de ellos es que son los responsables de modular emociones, ubicación espacial, sonidos, memoria e interpretación de imágenes.  

Una vez que el bailarín coordinó y planeó sus movimientos en la corteza motora, las señales viajan a través de 20 millones de fibras nerviosas de la médula espinal con dirección a los pies, los dedos, las muñecas, los brazos, para que se desplacen según el ritmo de la canción en curso. Un dato curioso es que existe un área que se conoce como la corteza somatosensorial, ubicada en la región media del cerebro, que es fundamental en la coordinación del ojo con la mano. 

 Lograr una coreografía perfecta requiere de involucrar las áreas sensoriales, por ejemplo, la visual que es la responsable del sentido de ubicación y la auditiva, que permite escuchar la música que se está bailando. Por otra parte, los pasos finos que caracterizan a los bailarines, son posibles gracias al cerebelo, situado en la parte posterior de la nuca. El cerebelo coordina los movimientos delicados y para tener una idea de la delicadez esta área permite ensartar un hilo en el ojo de una aguja.

En resumen, danzar requiere conciencia espacial, balance, coordinación, métrica, sentido de la posición y, sobre todo, emociones. Mientras el cuerpo se mueve al ritmo de la melodía preferida, el cerebro se encarga de dirigir la orquesta de los movimientos. Así que no olvide la fiesta neuronal que sucede en su cabeza la próxima vez que tenga el placer de bailar. 


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