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Los libros de Rojo

Los libros de Rojo

Publicado el 2021-03-22 22:52:58

En las antiguas escuelas de retórica, cuando los libros no eran libros y la escuela era la escuela, enseñaban las siete circunstancias, derivadas de un tratado de Marco Tulio Cicerón: ¿Quién? ¿Qué? ¿Por qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Con qué medios? Los libros de Rojo: siete circunstancias de la palabra libro, siete preguntas sobre Vicente Rojo, o de Vicente Rojo. O de los libros. Intentaré formularlas, una por una, mezclando los papeles in numero, pondere et mensura, según alegaba otro sabio de aquel tiempo. 


¿Quién?

Vicente Rojo es un hombre. Si pienso en él, y a menudo me sorprendo pensando en él, pienso en un hombre. Pienso en una historia, la del niño de siete años que veía bajar un piano del balcón, sujeto a correas. España, la guerra… las penurias exigían a la familia desprenderse de un sueño, tal vez sólo de un objeto, un instrumento. Pienso en un adulto, hecho pintor, que delinea esas mismas correas que suspendían el piano, las pinta en forma de lluvia, de letras, de alfabetos que narran una música esencial, en sordina, que suena en el ojo siempre abierto al entusiasmo y a la gracia que no muere y no conoce la nostalgia. O pienso en el piano que flota en una mancha tipográfica de íntima paciencia y disciplina, en la página en blanco: las correas son la batuta que dirige la canción de una portada inolvidable. Pienso en el arte de habitar en la experiencia. Pero el artista, el hacedor de cosas bellas, el que crea con signo y medio un mundo que sucede, se queda corto frente al hombre: su obra, más que un hecho, es un ser.

¿Qué?

Los libros. Materia, hálito, forma, tiempo, ensayar, tachar, recomenzar. Lápiz, tijeras, pegamento… instrumentos como el piano, que se tocan. Un libro es una cosa que sirve y para que sirva es necesario que funcione, que su cuerpo manifieste las siete circunstancias aquí y ahora. ¿Cuándo y dónde lo leo? ¿Por qué leerlo? ¿Por qué una letra está al revés? ¿Por qué un título tan raro? ¿Por qué alguien lo escribió? Y ¿qué quería decir? Vicente Rojo ha recorrido las preguntas y las dudas y el silencio de cada respuesta en toda su extensión. 

Un libro también es una casa, abriga, contiene la fiesta o la tragedia, une, cría, labra el paisaje. Rojo, pintor abstracto, sabe que nada es más concreto que una forma elemental: círculo, triángulo, cuadrado, rectángulo. Un libro es un convivio de geometría aplicada al humor de los sentidos.

¿Por qué?

De nuevo: ¿Por qué alguien lo escribió? ¿Qué me quería decir? Vicente Rojo es autor, es editor, ilustrador, diseñador. Ha hecho libros, muchos libros, en colaboración. Pero, como el artista frente al hombre, el hacedor de libros se queda corto frente al lector. Vicente lee, observa lo que lee y entona las palabras, contempla su forma y remonta hacia su causa, próxima o remota, al vasto territorio que comprende un estilo y su clarividencia, al gesto que impone la escritura, a su raíz que sorbe la humedad del pensamiento. Hacer libros es comenzar a leerlos, alumbrar de la sombra la tinta interior de la letra que afina su balbuceo de piano. Editor es el que sabe si está leyendo un libro, cuando lee, y lo sabe preguntándose por qué. 

¿Dónde?

¿Adónde se lo llevan?, pensó el niño. ¿Dónde va la música ahora? Parte, en las líneas, descubrió el adulto; parte, en los colores; parte, en el espacio. Recibió una carta de la India, con un plan: “Para leer, el lector tiene que poner en movimiento un aparato muy simple, un verdadero juguete. Me explico: mi idea es editar pequeños objetos circulares formados por los discos… Para evitar todo equívoco, lo llamaremos Discos Visuales.” Corría el año 1968. La música volvió, se fue otra vez, regresaría. Hacer libros es anotar el tempo de la historia, a renglón seguido, escuchar, conocer, intervenir. 

¿Cuándo?

Hace unos años le propuse un reto: un ensayo –tenía que ser ensayo– de preguntas y respuestas, de palabras y de signos. El sentido, el de la pregunta y el de la respuesta, se fijaría en el intervalo entre las dos, en la tensión entre los celos de dos lenguajes de solidaria envidia. Vicente, me enteraría más tarde, se levantaba en plena noche despertado por la intuición del signo lapidario que cerrara la disputa. Los libros no duermen, velan, nos imaginan con el afán de hurgar en sus entrañas. No hay deshora para un libro, el metrónomo apunta una frase siempre nueva. 

¿Cómo?

Sin receta, supongo. Con método errabundo y paciencia, voluntad, manía, dudas, muchas dudas. Recomenzar. Como la lluvia, gota tras gota, línea tras correa, piano, forte, pianissimo y aún recomenzar. Luego llovió dentro de la alta fantasía, decía otro sabio más. Lo dijo a la mitad de su poema: ¿y antes? ¿y después? Al niño, que era zurdo, le amarraban la mano izquierda para que aprendiera, para que se le quitara la torpeza, el vicio, para que se hiciera hombre. Correas que utilizar, que se vuelven forma, ritmo, jugada de compás. Liberarse por medio del ingenio, con un lápiz, mi palanca, denme un punto de apoyo y yo… El punto de apoyo lo encontró en una hoja, en el centro en que pulsa cada instante cuando llueve de la alta fantasía.

¿Con qué medios? 

Con la amistad, diría el adulto que enumera nombres, ocasiones, títulos, promesas. El secreto fue sentirse bien acompañado, dice. El secreto fue que él acompañara a tanta cofradía, digo. Por medio de una fórmula perennemente incierta, nebulosa, matizada, flexible y atrevida como ese jaloneo del piano que flotaba en el aire, firme y concisa como cada una de las siete circunstancias que no podemos contestar. 

El secreto de Vicente Rojo ha crecido con el niño, zurdo, tierno, claustrofóbico, abierto como un libro del que se escurre la tinta, fluye, se transforma, busca otra razón, vuelve a su idea.


Posdata. Autores citados o aludidos: Cicerón, San Agustín o Salomón, Octavio Paz, Dante, Arquímedes, Vicente Rojo. Rojo el pintor, el editor, el dibujante, un artista. Todos acompañando y acompañados por Vicente, mi amigo. 


Foto cortesía de Nicola Lorusso


*Texto leído en el MUAC el 19 de septiembre de 2015  en la mesa de reflexión Los libros de Rojo.


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