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Una ópera egipcia: Conversación con Juan Carlos Hidalgo

Una ópera egipcia: Conversación con Juan Carlos Hidalgo

Publicado el 2021-05-28 14:43:26

Pocas personas que conozco viven la música de manera tan apasionada como Juan Carlos Hidalgo. Y pocos han sabido enlazar su quehacer profesional tan bien con ella, sin ser músicos, siendo escritores. En la obra de Juan Carlos (Pachuca, 1968) música y literatura están demasiado cerca. Son prácticamente la misma cosa, resulta imposible distinguir una de la otra. No sorprende descubrir, indagando sobre su trayectoria, que a la par que como escritor literario se ha dedicado a la crítica musical en espacios como Revista Marvin y Milenio. Sin embargo, en la primera faceta que menciono, en la de escritor a secas, la música no pocas veces ha asumido un rol protagónico. Hidalgo es autor de los volúmenes de cuento Satán rechazó mi alma (Nitro Press), Trátame Suavemente (Marvin/Secretaría de Cultura) y las novelas Ya no más canciones de amor (Gato Blanco) y La vida sexual de P. J. Harvey (BUAP), entre otros títulos. Hoy estamos aquí para conversar sobre su cuarto libro de poemas Una ópera egipcia (ABLUCIONISTAS, 2021), un libro musical, la reescritura de un álbum de rock. 


Juan Carlos, es un placer compartir esta conversación contigo. Sé de tu predilección por el grupo, pero para quien no, cuéntanos: ¿por qué elegiste reescribir el álbum Una ópera egipcia (2010) de la banda española Los Planetas?

Desde hace mucho me interesan esos procesos de transversalidad, deconstrucción y reescritura que priman en este tiempo tan bien descrito por el ensayista Eloy Fernández Porta como Afterpop. Como periodista musical y, dadas las características de mi trabajo literario, es necesario ir filtrando y procesando el peso que representa la cultura rock; y no es que reniegue de ella, para nada, pero como bien sabes, el fenómeno musical se ha expandido y los géneros se han difuminado.

En ese sentido, me ha interesado desde hace mucho el proceso que llevó a una banda insignia del indie español a hurgar en sus raíces andaluzas e incorporar elementos del flamenco tanto en su sonido como en su narrativa. Ellos se clavaron en el acervo de la música popular de su región y luego la entrecruzaron con ese crepitar eléctrico de guitarras que tanto les gusta.

No es nada sencillo, para Los Planetas y artistas similares, trabajar con los distintos palos del flamenco y sus variantes estructurales, en cuanto a fraseo y estrofas. He ahí el reto y el placer de jugar con el lenguaje y continuar con ese traslape de contextos.


La música y la poesía en ocasiones son medios para viajar. El álbum original de Los Planetas recoge la tradición de la canción flamenca y tu libro recoge ciertos elementos también y ciertos símbolos, ¿fue una manera de viajar?, ¿qué trajiste de ese viaje?

El arte y la creación son sinónimos de viaje; así uno puede remontarse a distintas culturas, épocas y estéticas. Así fue que elegí un álbum que representara tal entrecruzamiento de referencias sin imaginar siquiera que una vez realizados mis poemas, estos iban a caer en manos de artistas sonoros que los llevarían hasta el territorio de la electrónica experimental (en este caso Luz Santander y SAFOH) —lo que representa una inesperada y emocionante vuelta de tuerca más—. ¡Un viajesote!

Cada libro es también una forma de homenaje a figuras que a uno le resultan queridas y de una enorme talla artística. Siempre que se habla de poesía y flamenco surge la presencia de Federico García Lorca. Y como tuve que ir más allá de las canciones del disco que comentamos, para completar el libro, fue que me remonté hasta “El pequeño val vienés”, que procede del disco Omega de Lagartija Nick y Enrique Morente y que representó una revolución para el flamenco. Esa canción parte de un poema de Lorca, que luego adaptó Leonard Cohen y que va pasando de mano en mano.

Por otro lado, aproveché para utilizar a Jota como personaje de algunos de los poemas y pude colocarlo en el Nueva York del estallido del Occupy Wall Street y las protestas callejeras. Además, me di la licencia de salir a buscar al fantasma de Enrique Morente en las afueras de la mismísima Alhambra. Y así hasta dedicar otra pieza a La bien querida, quien fue inicialmente impulsada por Los Planetas, así que pude hacer un poema-mixtape en el que aparecen fragmentos de algunas de sus canciones a propósito de una escapada carretera hasta pasar por Roma.


Al reescribir volvemos nuestro lo que amamos, pero, ¿no corremos el riesgo de arruinarlo?, ¿cómo conviviste con este miedo durante el proceso de escritura de UOE?

La peor parte vino cuando le avisamos a Los Planetas de la presentación virtual del libro. El gran crítico musical Enrique Blanc, quien suma un texto al librito y es muy amigo del grupo, me avisó que querían que les mandara ejemplares. Y aunque con retraso ya se los he mandado, me resta esperar sus comentarios. ¡Eso sí me hizo sentir frío!

Por supuesto que se experimenta un cierto miedo de no echar a perder una obra que ya uno considera estupenda, pero siempre se acude a esa noción de que el arte es transgresión, libertad e irreverencia, así que lo que resta es asumir la parte que a uno le toca con total respeto y admiración.

Siempre trato que mis evocaciones conserven cierto punto de contacto, algún nexo que las empate, pero también que exista otra parte importante que les inyecte autonomía y que permita que funcionen y sean entendidas como piezas independientes de la fuente original. Así, no necesitas haber escuchado el disco para que la experiencia de este poemario sea posible. Al menos, tal es el planteamiento que intenta uno resolver hasta alcanzar su forma final de mi parte; luego vinieron otras grabaciones de voz, otras inflexiones de lectura y todo el proceso inherente a los artistas sonoros.


En la era del supuesto auge del copy & paste y la escritura no-original, ¿por qué apostar por una re-escritura y no por la escritura de una “obra original”?

El concepto de “originalidad” se halla más que nunca en tela de juicio y hasta cierto punto parece que es algo superado. Me parece que es lógico utilizar los recursos y herramientas con que se cuenta en el presente, aunque no represente ello una obsesión o una vía única. 

A partir del discurso de cada obra se puede ser igual de arriesgado o actual recurriendo a sonetos o décimas, que colgando un video-poema en Instagram. Todo depende del uso y el discurso que se desarrolle para cada pieza en específico. 

Al final, el viejo esquema de los niveles de cultura ha implosionado y todo confluye en un mismo plano; es viable y gozoso recurrir a un ars combinatoria de todo ello y moverse entre épocas y estéticas. La idea de originalidad está más bien implícita en el sello personal que se le imprima a la creación, incluso desde el proceso mismo.   


Al reescribir este álbum, que es tanto letra como música, ¿que buscas capturar tanto de una como de otra?, ¿cómo está equilibrada esa balanza?

Espero que en el resultado prevalezca algo de la atmósfera del disco… que está lleno de distorsión y guitarreo, pero que tiene ese tufo flamenco transpirando en las canciones y sus ritmos. Aunque trabajo esperando que también puedan leerse con total independencia de la fuente y que funcionen por sí mismos.

Por otro lado, considerando su origen, poesía y música posee un vínculo ancestral, así que no son tan diferentes. Intento que la estructura que doy a los poemas conlleve un fraseo, que no deja de ser sino ese mismo flow que se busca en el spoken word o el rap. Esa musicalidad, aun leyendo en silencio, potencia a los textos y, esperemos, que enganche al lector.


Tu libro, en las primeras páginas, incorpora un código QR que dirige a una pieza de música y voces que amplían las posibilidades más allá de la página, del texto. ¿Por qué es importante que a los escritores de tu generación les preocupe vincular estas piezas a sus obras?

Jamás podría hablar por una generación… el asunto es estrictamente personal (aunque yo sea Generación X). Pero la verdad es que gozo completamente con todo tipo de expresiones contemporáneas y me gusta ver cómo una obra va variando en la medida que la reinterpretan. 

Me pesa que la poesía sea identificada como algo absolutamente cursi y demodé. Luego entonces se trata de un intento de conectar con diferentes tipos de personas con la intención de hacerlos pasar de una cosa a la otra. Ya en la novela Ya no más canciones de amor se colocó en Spotify una playlist con la música; puede ocurrir que alguien pase primero por ella y luego sepa que es un libro y lo busque. Hay un lastre de conservadurismo que golpea al arte y la cultura, cuando lo que debía de privar es el gozo, la libertad total y la capacidad de riesgo.


En esta última pregunta me gustaría cambiar un poco de tema, para abordar otra de tus pasiones. Simon Reynolds, el crítico musical británico, decía que la buena crítica, para conseguir intoxicar al lector, debería ser ferviente, encendida, fervientemente polarizada en sus juicios, tomarse las cosas demasiado en serio… ¿te identificas con esto? 

El rigor no tiene porque estar peleado con el desparpajo, el sentido del humor e incluso la experimentación. ¿Acaso no fue una lección que nos dieron los beats o años después de parte del hip-hop más notable, Kendrick Lamar, por ejemplo?  El hecho de partir de juicios muy personales no equivale a un valemadrismo plasmado en el discurso y a soltar provocaciones sin sentido. Muchos de los que ejercen la escritura sobre música -que no periodismo- pertrechados en su juventud, cometen el error de desconocer y descalificar a la historia, al igual que a los elementos analíticos… entonces lo que van pergeñando son juicios de valor sin ton ni son. Pocos son los que desean sustentar sus apreciaciones; y además exhiben una gran carencia de vocabulario… sacan textos con una redacción muy básica y carente de ideas. 

Apostamos por la accesibilidad que brindó la tecnología y los nuevos medios, pero aunado a la crisis económica de los medios tradicionales, un amateurismo totalmente ramplón se ha apoderado de los portales y las publicaciones.  Me ha tocado enterarme de muchas declaraciones de estas figuras emergentes que ya no desean hacer periodismo y que terminan produciendo mera diarrea escritural. De cualquier modo, todo es un proceso y termina por aflorar aquello que es valioso. No es un mal endémico de la edad, ahí tenemos a Kae Tempest que es joven y talentosísime, ya sea escribiendo o haciendo música. Por supuesto que se trata de atrapar al lector, pero a través del ejercicio de la inteligencia y no a partir de trivialidades que se hacen pasar por aseveraciones candentes y escandalosas.


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