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5 lecciones de cine de Alfred Hitchcock

5 lecciones de cine de Alfred Hitchcock

Publicado el 2021-06-29 14:38:52

En 1966, se publicó en francés la primera edición de El cine según Hitchcock, el libro que recoge las respuestas a un cuestionario de quinientas preguntas formuladas por François Truffaut a Alfred Hitchcock en agosto de 1962. La edición definitiva del que Truffaut llamaba el hitchbook se publicó unos años después de la muerte del director inglés e incluye un nuevo prólogo y un capítulo final en torno a su producción tras Torn Curtain, la última película que había filmado cuando se hizo la entrevista.

Esta obra es el resultado de nada menos que cincuenta horas de conversación sobre los siguientes temas:

a) las circunstancias que rodearon el nacimiento de cada film;

b) la elaboración y construcción del guion;

c) los problemas particulares de la puesta en escena de cada film;

d) la estimación personal del resultado comercial y artístico de cada película respecto a las esperanzas iniciales. 

En ella Hitchcock va exponiendo de la mano de Truffaut su concepción personal de lo que significa hacer cine, con su filmografía como hilo conductor. Este hombre, que empezó dibujando intertítulos y antes de ser director fue también guionista y decorador, participó en cada aspecto de la producción cinematográfica y vivió grandes transformaciones de la industria. Pasó del cine mudo en blanco y negro al cine sonoro y a color.

El cine según Hitchcock presentó en su momento una faceta poco conocida de este director, cuya producción durante mucho tiempo fue incomprendida o denostada por la crítica. De sus páginas se extraen estas cinco lecciones de cine, como una invitación a la lectura de este clásico de la literatura en torno al séptimo arte.


1. “El rectángulo de la pantalla debe estar cargado de emoción” (66).

Para Hitchcock una película debe avanzar todo el tiempo, sin dejar espacio para el aburrimiento: “Para mí es evidente que las secuencias de una película nunca deben estancarse, sino avanzar siempre, exactamente como avanza un tren rueda tras rueda o, más exactamente todavía, como un tren ‘de cremallera’ sube la vía de una montaña engranaje tras engranaje” (73).


2. “Cuando se cuenta una historia en el cine, solo se debería recurrir al diálogo cuando es imposible hacerlo de otra forma” (65).

En el prólogo a la edición definitiva, Truffaut señala: “Contemplando sus films era evidente que este hombre había reflexionado sobre los medios de su arte más que ninguno de sus coetáneos” (10). A lo largo del libro, Hitchcock demuestra hasta qué punto esta afirmación es verdadera. Se esforzaba siempre por encontrar el lenguaje visual para contar sus historias y por ello es comprensible que afirme que la forma más pura del cine es la de las películas mudas. Así lo explica: “Yo me esfuerzo siempre en buscar primero la manera cinematográfica de contar una historia por la sucesión de los planos y de los fragmentos de película entre sí. [...] Cuando se escribe una película, es indispensable separar claramente los elementos de diálogo y los elementos visuales y, siempre que sea posible, conceder preferencia a lo visual sobre el diálogo” (65-66).


3. “Hay que dibujar la película como Shakespeare construía sus obras, para el público” (294).

Hitchcock se esforzó por conocer bien a su público y evolucionar junto con él. A lo largo del libro justifica muchas de sus decisiones como director a partir de la satisfacción de su audiencia. Para él la mejor manera de atrapar su atención era el suspenso. Cuando Truffaut le comenta que tomó muchas precauciones para que el público entendiera las referencias a los címbalos en la versión estadounidense de The Man Who Knew Too Much, Hitchcock explica: “Tenía que hacerse así para que el público participara completamente. [...] Este condicionamiento del público es la base misma de la creación del suspense. [...] A menudo me he dado cuenta de que ciertas situaciones de suspense quedan comprometidas cuando el público no comprende claramente la situación. [...] Es preciso clarificar constantemente”.

Hitchcock tomaba toda clase de previsiones para garantizar al público la mejor experiencia. Por ejemplo, solicitó que no se dejara entrar a quienes llegaran tarde a la proyección de Psycho porque se habrían perdido la clásica escena del asesinato de Marion Crane en el baño sobre la cual estaba construido el suspenso del resto de la película. Otro ejemplo: a partir de The Lodger, Alfred Hitchcock aparece en todas sus películas como un gag, pero, para que los espectadores no se distrajeran buscándolo, decidió que debía mostrarse en los primeros cinco minutos.


4. “El drama es una vida de la que se han eliminado los momentos aburridos” (106).

A Hitchcock no le interesaba la verosimilitud, pues, en sus palabras, era lo más fácil de hacer. Su famoso eslogan “Algunos films son trozos de vida, los míos son trozos de pastel” está basado en esta convicción: “Rodar películas, para mí, quiere decir en primer lugar y ante todo contar una historia. Esta historia puede ser inverosímil, pero no debe ser jamás banal. Es preferible que sea dramática y humana” (106).  

Evidentemente, la crítica no siempre apreció los giros y las coincidencias de sus películas, pero él tenía muy claro cuál era su objetivo: “Pedir a un hombre que cuenta historias que tome en consideración la verosimilitud me parece tan ridículo como pedir a un pintor figurativo que represente las cosas con exactitud. ¿Cuál es el colmo de la pintura figurativa? Es la fotografía en color, ¿no? [...] Hay una gran diferencia entre la creación de un film y la de un documental. En un documental, Dios es el director, el que ha creado el material de base. En el film de acción, es el director quien es un dios, quien debe crear la vida. Para hacer un film, hay que yuxtaponer montones de impresiones, montones de expresiones, montones de puntos de vista y, con tal de que nada sea monótono, deberíamos disponer de una libertad total. Un crítico que me habla de verosimilitud es un tipo sin imaginación” (104).


5. “Un héroe de cine debe convertirse en nuestro hermano o en nuestro enemigo si la película está conseguida” (359).

Las películas de Hitchcock representan el combate entre el bien y el mal de diversas formas. En su discusión con Truffaut, llega a la siguiente conclusión: “cuando más logrado está el malo, más lograda es la película; en otros términos: cuanto más fuerte es el mal, más encarnizada será la lucha y mejor será la película” (332).

El director inglés era muy cuidadoso en la elección de los actores que representarían a sus personajes y, a lo largo del libro, discute constantemente con Truffaut los aciertos y los desaciertos de los repartos de sus películas.


La lectura de El cine según Hitchcock se puede enriquecer con el documental Hitchcock/Truffaut, que está basado en el libro. Fue dirigido por Kent Jones y lanzado en 2015. En él se entrevista a directores de distintas generaciones, como Martin Scorsese, David Fincher y Wes Anderson, quienes atestiguan la importancia de esta obra y analizan las claves de la producción de Alfred Hitchcock.


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