Logo_Alviso
Logo_Alviso
Agujeros negros

Agujeros negros

Publicado el 2020-03-30 23:34:02

Escribo poemas para zafarme, hacer penitencia y desaparecer
por la esquina superior derecha de las cosas, para dar las gracias
Lengua perdida, Charles Wright



Recostada sobre la cama, sostenía la mano derecha de mi abuela cuando ella preguntó, “¿no te quieres casar conmigo?” Ambas nos reímos e inmediatamente le besé la mano. Me pareció un gesto insurrecto para una mujer octogenaria que tuvo diez hijos y mantuvo una vida de consagrada cristiandad y sumisión. “Pero soy mujer”, le respondí. “Qué importa”, dijo ella, “pero soy tu nieta”, volví a decir, “qué importa”, arremetió.

Aunque supuse que aquel deseo de mi abuela era parte de una confusión provocada por un Alzheimer muy avanzado, una parte de mí estaba feliz con la posibilidad de que ella pudiera cambiar sus preferencias sexuales al sentirse liberada del dogma cultural y religioso. Recientemente había leído que el deterioro de esta enfermedad era irreversible porque en su forma más simple se aprecia cómo una persona extravía su identidad y su memoria; las habilidades que se alteran y disminuyen; la mente que modifica el tiempo de manera regresiva, y cómo el cuerpo —el único remanente sólido de la experiencia— pierde sus capacidades motrices. Para aquel momento mi abuela no podía más que mover sus brazos para atrapar objetos imaginarios en el aire, o para hacerlos bailar cuando le cantábamos “La cucaracha”.

Recordé a mi abuela mientras miraba un documental sobre agujeros negros. Escena por escena pude asimilar, en su sentido más literal, los avances del máximo descubrimiento científico con nuestra historia. ¿Las memorias pueden ser devoradas por algo más grande que nosotras, transformarse y viajar a algún otro sitio?

Corría la década de 1970 cuando Paul Murdin estudiaba estrellas binarias en el Royal Greenwich Observatory, donde descubrió una estrella que orbitaba una poderosa fuente de Rayos X cada 5.6 días a la que llamó Cygnus X-1. Era la primera sugerencia de la existencia real de un agujero negro. Treinta años más tarde, después de una observación prolongada, otros científicos confirmaron que Cygnus X-1 ha orbitado un pequeño agujero negro con la masa de seis soles. Desde entonces, este planeta desprende una estela de su materia que es devorada por el agujero negro con cada giro que le da. Y lo que se sabe de los agujeros negros es que por más minúsculos que sean tienen una gravedad tan infinita que incluso se devoran la luz.

Dicen que el ciclo de vida de una estrella depende de la combustión de su masa. Algunas mueren pequeñas y blancas, otras explotan en cenit de su vida: fusionan sus átomos hasta generar un colapso directo con composiciones de gas más pesadas que provocan una supernova —entre más masa más gravedad— y cuando la gravedad se condensa en un punto infinito se genera un agujero negro.

Acompañar a mi abuela fue un proceso semejante, su mente devoraba su memoria y su lenguaje. Estar a su lado era un lugar oscuro, con llanto y sin luz. Había días en que su inexplicable tristeza engullía la energía del que se le acercaba. Al igual que un agujero negro, parecía que no había nada dentro de ella, ¿de qué se entristece aquella que no tiene memoria? Pero su propio cuerpo era el borde del síntoma. Era un planeta viejo que estalló con la quinta muerte de un hijo suyo. En aquel entonces yo tenía once años y cada treinta minutos me decía, “¿te conté que murió mi hijo Willy?

En la segunda etapa del Alzheimer dicen que el enfermo cree tener entre cuatro y ocho años. Ella decía tener cinco, a mí me cuesta mucho trabajo recordarme en una edad tan temprana. Llamaba a su madre y a sus hermanos entre sollozos. Hacía balbuceos y juegos de palabras. A su lado el tiempo se ralentizaba, me sentía diminuta e impotente, desintegrada en mis partículas elementales. Similar al proceso de la “espaguetización” —donde todo lo que rodea al agujero se estira como un fino espagueti antes de ser devorado— contemplé la descomposición del lenguaje y la nostalgia de quien ya no sabía cómo nombrar algo o nombrarse a ella misma. Los síntomas del Alzheimer pueden ser engañosos, no se sabe con exactitud en qué momento muere la primera neurona que acabará con todas las demás. Algo que será masivo para la mente comienza en un sitio de absoluto silencio.

Hasta hace unos meses, sólo existían interpretaciones artísticas de cómo lucía un agujero negro. La doctora Katie Bouman desarrolló un algoritmo con el que fue posible capturar la primera imagen de un agujero negro, gracias a la sincronización de ocho telescopios distribuidos en diferentes partes del planeta. La fotografía, que luce borrosa y extraña, es en realidad un complemento valioso para las teorías sobre este fenómeno que, aunque aparenta estar vacío, parece ser el motor principal del universo, ya que permite la estabilización de las galaxias por su energía de atracción y movimiento.

He mirado aquella foto desde entonces con una fascinación neófita. Lo primero que vino a mi mente fue una sonrisa, de nuevo pensé en mi abuela, en el agujero de su memoria y cómo después de tantos años de fallecida me encuentro orbitando su ausencia.

Suscríbete a nuestro Boletín